El Nuevo Mundo y Un Sistema Tributario Boliviano Acorde

José Luis Olmos C.

MSc. José Luis Olmos

Socio en AudiTools Servicios Empresariales y Tributarios

Este artículo trata sobre la necesidad apremiante de modificar el Sistema Tributario Boliviano para que los generadores de economía puedan sobrevivir al gravísimo impacto que ha producido la pandemia del COVID 19 y a la vez sostener un Estado sólido en dirección a las innovaciones más extraordinarias que se están produciendo.

La pandemia ha cambiado completamente la economía de todo el mundo. Esta nueva economía depende de poderes ejecutivos mucho más tolerantes, por ende, el sistema tributario y el crecimiento económico deben equipararse para poder sobrevivir al peor impacto y a la vez dar pasos para sustentar al Estado para que sea sólido y pueda aprovisionar a los más vulnerables.

Las transacciones están virando hacia la tecnología, produciendo un impacto financiero en empresas y mercados que quieren protagonizar como novedosos personajes principales de una reactivación económica aparentemente en ciernes. Por tanto, es importante ingeniar una carga tributaria que, caminando a la par, se adecúe a la realidad actual y encare tanto la tecnología que requieren los principios tributarios globales del mundo que acaba de concluir tan súbitamente como encarar el actualizarse a la nueva globalidad cuya realidad es el cambiante entorno tecnológico. Si tal se da, existirá  una equidad suficiente para considerarse innovadores ambos, en beneficio de una nación abierta a la genialidad humana y se cumplirá, a su vez, con la Constitución, protegiendo los derechos de los contribuyentes. Esto requiere que el representante del poder ejecutivo administre de manera científicamente eficiente todos los ingresos tributarios, adquiridos por prestaciones idóneamente solicitadas, tanto privadas como públicas. Tal posición es la que define estrategias que den lugar a políticas fiscales que, en las presentes condiciones extremas, puedan llevar a un indulto fiscal de salvación económica ciudadana frente a una altísima mora tributaria, impagable para la mayoría y que, en Bolivia, deviene de anteriores gobiernos sin visión fiscal, ni lógica, pero que el COVID19 ha dejado totalmente al descubierto, como despertando a todo el país.

La noble finalidad de facilitar la provisión urgente de condiciones de salud está actualizando a Bolivia como por milagro, muy a pesar de todas las deficiencias, introduciendo sistemas de respuesta que Bolivia jamás habría instalado antes, y menos en aquellos gobiernos pasados, desprovistos de perspectivas de verdadero beneficio para la nación.

De igual modo, la educación del Mundo Pasado ha dejado en la sepultura viejos paradigmas de aprendizaje, modelos de enseñanza y la falta evidente de provisión de suficiencias que a nuestros niños hacía falta, catapultando una tecnificación súbita de toda una generación escolar que tiene acceso a ella, aunque todavía no exista  en toda la nación. Tal tecnología ha abierto la cortina que podría llevar educación a los más recónditos rincones del país. Ya sea que hayamos avanzado mucho o no, en las ciudades, hay mentalidades estancadas en el siglo 19 en ellas y en el ámbito rural. Sin embargo, la revolución está a punto de llegar y será imparable. De pronto, los ciudadanos más vulnerables han decidido dar un salto cualitativo y entrar en la vena del aprendizaje (porque hay cada vez más medios) y la supervivencia (porque la educación afina y catapulta los medios de sustentación). Todas las actividades demandan un urgente equilibrio en la aplicación tanto de impuestos progresivos como regresivos. Todos los impuestos necesitan adaptarse a una modernidad que potencie al ciudadano y no que lo arrastre a la deuda.

¿Cómo? El Sistema Tributario, de suyo, tiene un papel subordinado a una estructura de gasto público que debe imponer impuestos sobre el comercio electrónico, la economía digital, el cambio de hábitos,  a pesar de una producción industrial endeble, otra debilitada, donde se está dando cada vez más un abandono de presencia física de operarios por una digitalización e instrumentación cada vez más automática y más eficiente, que devuelve al proletario a su casa, constituyéndose en un formidable riesgo para el empleado tradicional que aún se desenvuelve en un modo victoriano de vivir y producir.

El diseño y fortaleza del Sistema Tributario condicionan tanto la capacidad de mirar hacia adelante, hacia el futuro, si el Estado lo hace posible. Puede aunarse con su pueblo instrumentando políticas fiscales que lo avancen, rompiendo cadenas, cesando prisiones fiscales y pueda respirar. Ante el análisis de las fuentes tanto del capital como del trabajo y la retribución que se le dará por su noble esfuerzo y la nueva y avasalladora expansión de su propia inteligencia, podrán insumir tanto consumo como ahorro si su presente derrota económica es revertida. Puede convertirse, por primera vez en la historia, y de una manera jamás vista, en una fortaleza, si existiese un indulto que le devuelva la capacidad de avanzar en un mundo totalmente nuevo, uno que ninguno de nosotros ha imaginado jamás, aunque lo tangible se haya salvado del holocausto, las calles sigan ahí y los edificios sigan en su lugar. Con todo, nada de todo ello ya es igual. Somos nosotros los que hemos cambiado. Los sobrevivientes podremos llevar nuestra renta y su transferencia para convertirse en riqueza, herencias, abundancias y donaciones que ahora sí, en agradecimiento a un Estado inteligente que le supo dar la oportunidad, le recompensará con un tributo justo y digno del poder que posee y que le es dado únicamente por medio de la imaginación. Este es el único poder verdadero. El Mundo Nuevo nos lo está enseñando

Los distintos mecanismos formales de organización de la actividad económica (emprendimientos, trabajo tanto dependiente como independiente) podrán darse por restaurados e impulsados donde ya no habrá que emigrar a países que se mostrarán como paraísos fiscales tras la debacle que viene pronto. Esas mismas fuerzas productivas sentirán que la migración y los nuevos horizontes se hallan más bien en nuestra propia tierra. Ningún país extranjero parecerá más apto o más sabio que nosotros. Prosperaremos aquí.

Por tanto, debemos tomar por las astas al sistema impositivo vigente en el país, con impuestos que ahora sí promoverán empresa y mucho crecimiento decididamente.

Nuestro Nuevo Mundo ya está hecho de un orden que demanda ser identificado. No son sólo ajustes que de suyo se necesitan sino el gran paso de desestimar castigos impositivos multiplicados por dimensiones técnico-tributarias, orientadas sólo hacia la superficial supresión, modificación o creación de Tributos. Hoy se trata de un primer paso profundo de restauración del contribuyente. Y eso no se logrará punitivamente de ningún modo.

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